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  • Medicamentos de uso veterinario: un mercado ilegal
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    Medicamentos de uso veterinario: un mercado ilegal
    J. V. Andreu
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    "En la ausencia de control de los medicamentos de uso veterinario no solamente tiene gran responsabilidad la Administración. Los colegios profesionales se han tapado los ojos hasta ahora"
    "Tal y como está establecido en estos momentos el mercado ilegal de medicamentos zoosanitarios, no hay posibilidad de inmovilizar lotes defectuosos, y las cantidades y la idoneidad del medicamento queda a criterio del distribuidor."
    "La distribución y dispensación se realiza sabiendo que puede originar un grave perjuicio sanitario de gran alcance. Los medicamentos llegan hasta los abrevaderos de los animales sin que medie receta oficial alguna."
    El descontrol manifiesto en la dispensación de los medicamentos de uso animal o veterinario, así como en su utilización indiscriminada por parte de algunos ganaderos y granjeros puede acarrerar serios problemas de salud pública. Por el momento, afortunadamente no hemos tenido que lamentar en España situaciones dramáticas como las provocadas por las dioxinas en Bélgica, cuya repercusión alcanzó a gran parte de los estados europeos. Pero la negligencia y la falta de rigor de la Administración española a la hora de hacer cumplir la legislación sobre medicamentos veterinarios está conduciendo a un riesgo de gran envergadura, un riesgo que a muy pocos parece preocupar.
    La utilización de tranquilizantes, analgésicos, antibióticos, etc. que se suministran a los animales en granjas y agrupaciones ganaderas se mide por toneladas. Los medicamentos entran a granel en el organismo de cerdos, corderos, vacas, es decir, de animales productores de alimentos que todos consumimos. Y esto ocurre sin que exista una auténtico control profesional, dirigido por facultativos responsables, sobre esas sustancias, de las cuales en muchos casos se desconoce si han seguido la cadena del frío, en el caso de las vacunas, si sus moléculas se han alterado o si se han suministrado en las dosis correctas.
    Tal y como está establecido en estos momentos el mercado ilegal de distribución, venta y consumo de medicamentos zoosanitarios, no hay posibilidad de inmovilizar lotes defectuosos, y las cantidades y la idoneidad del medicamento queda a criterio del distribuidor.

    LA SALUD PÚBLICA, EN PELIGRO
    Una de las alarmantes consecuencias que se derivan de este descontrol es que el organismo humano comienza a crear fuertes resistencias a los antibióticos, al ingerirlos indirectamente a través de los animales. Pero los efectos negativos no se detienen ahí; cada día se conocen nuevos detalles que exigen una actuación inmediata por parte de los responsables sanitarios. Según denuncia la farmacéutica Belén Bautista, una bióloga de la Universidad Complutense ha detectado malformaciones congénitas ocasionadas por la ingestión indirecta del principio activo del "nolotil". También alarma un reciente estudio de la Unión de Consumidores de España (OCU) en el que se asegura que el 25 por ciento de las carnes que se analizaron contenían restos de antibióticos y sulfamidas.
    Por otra parte, en la ausencia de control de los medicamentos de uso veterinario no solamente tiene gran responsabilidad la Administración. Los colegios profesionales se han tapado los ojos hasta ahora ante una práctica que es conocida y permitida por todos, pese a ser conscientes de los riesgos que conlleva. Del mismo modo, profesionales veterinarios están implicados de lleno en esta cadena de producción, distribución y dispensación a sabiendas de que se puede originar un grave perjuicio sanitario de gran alcance. Los medicamentos llegan hasta los abrevaderos de los animales sin que medie receta oficial alguna, infringíendose claramente lo dispuesto en la Ley del Medicamento en este sentido. E igualmente grave es el hecho de que ni agrupaciones ganaderas ni los habituales abastecedores detallistas de medicamentos de uso animal cuenten con los servicios profesionales farmacéuticos para ejercer un control sobre los mismos, tal y como establece también la Ley del Medicamento.
    Legalmente, la dispensación sólo puede efectuarse en establecimientos detallistas, agrupaciones ganaderas autorizadas u oficinas de farmacia, sin embargo el comercio fraudulento de los medicamentos veterinarios está controlado por laboratorios, mayoristas, veterinarios y agrupaciones sin permiso.
    La inexistencia de control ha permitido asimismo que el destino de ciertas sustancias acabe en el consumo humano. Anestésicos o tranquilizantes que salen de los laboratorios en sacos de kilos son una mercancía muy apetecible para el mercado clandestino que abastece a los toxicómanos. El diazepam o la xilazina, destinados a la utilización en animales, son empleados por drogadictos para vencer el síndrome de abstinencia.

    DENUNCIAS DE DOS FARMACÉUTICOS
    La voz de alarma a la sociedad española la dieron hace unos meses dos farmacéuticos de Castilla-La Mancha, quienes han chocado con todo tipo de trabas administrativas y obstáculos que interponen los que están beneficiándose de esta práctica ilegal. Belén Bautista y Miguel Palomino solicitaron hace tres años licencia para la apertura de dos farmacias especializadas en medicamentos de uso animal en las localidades de Consuegra (Toledo) y Villamayor de Santiago (Cuenca). Para sorpresa suya, después de transcurrir varios meses hasta obtener la autorización se encontraron con que los únicos establecimientos detallistas autorizados en Castilla-La Mancha eran los suyos, pese a que la Junta de esta Comunidad estima en una cifra de seis millones las cabezas de ganado existentes. ¿Quién, y en qué condiciones, está suministrando los analgésicos, antibióticos, tranquilizantes y vacunas a tal cantidad de reses?
    Esta intrigante pregunta llevó a los dos licenciados a iniciar una investigación a fondo de los canales de distribución, almacenamiento, prescripción y dispensación de los medicamentos. Comenzaron por solicitar a la Administración un listado de distribuidores legalmente establecidos en Castilla-La Mancha, y después de tres años han recibido la sorprendente respuesta de que tan sólo existen sus dos establecimientos. Sin embargo, en sus oficinas de farmacia no han dispensado prácticamente nada más que collares antiparásitos para gatos, lo que les condujo a una situación económica agonizante que determinó el cierre temporal de sus boticas.
    Los dos farmacéuticos solicitaron también a la Administración un vademécum de los medicamentos veterinarios autorizados, encontrándose con el silencio como toda respuesta. Su interés por esta cuestión les llevó a averiguar que estos medicamentos no se encuentran publicados correctamente en ningún documento oficial, circunstancia que contribuye a aumentar la confusión existente en el sector.

    CONTROL DE LAS EMPRESAS SOBRE LAS LICENCIAS
    Continuando con sus averiguaciones, Belén Bautista y Miguel Palomino han llegado a descubrir una de las patas que sujeta la estructura del mercado ilegal de los medicamentos zoosanitarios, lo cual han denunciado ante la Delegación de Sanidad de Cuenca. En un escrito dirigido a este organismo, Miguel Palomino ofrece nombres y apellidos de personas con intereses en el sector, y asociaciones vinculadas. Así, denuncia que “veterinarios en ejercicio clínico, funcionarios de la Consejería de Sanidad, tienen intereses económicos directos en empresas ‘vendedoras’ de medicamentos veterinarios carentes de la preceptiva autorización”.
    Los farmacéuticos castellano-manchegos focalizan en estas empresas, buena parte de responsabilidad en el impulso y mantenimiento del mercado irregular de los medicamentos de uso animal.